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Regalo para papá: la historia de una escultura conmemorativa

  • Foto del escritor: ARJ editorial
    ARJ editorial
  • 15 dic 2025
  • 10 Min. de lectura

Un regalo para papá puede ser un gran desafío y más cuando cumple 70 años.

Porque no todo el mundo llega a los 70 años.

Y porque cumplir siete décadas merece algo más que una corbata o una botella de whisky que se va a quedar en el mueble.

Hay algo inquietante en llegar a la edad madura. También hay algo hermoso.

Es el momento de hacer recuento de lo bello.

De dignificar.

De ver su valor, su belleza.

De conmemorarlo de manera significativa.

La pregunta que me inquietó durante semanas fue:

¿Cómo demostrarle interés a alguien que quieres tanto?

Esta es la historia de cómo una escultura se convirtió en el mejor regalo para papá que pude imaginar.


Cuando los regalos tradicionales no son suficientes

Caminas por Liverpool. Te metes a Amazon.

Pasas por el Palacio de Hierro. Revisas en sitios de marcas carísimas.

Ves perfumes costosos, relojes elegantes, carteras de piel.

Todo brilla.

Todo promete.

Pero nada convence.

Porque en el fondo sabes la verdad incómoda:

Tu padre ya tiene todo lo que necesita.

Y lo que no tiene, probablemente no lo va a usar.

¿Otra corbata?

¿Otro juego de mancuernillas?

¿Otro libro que quizás lea o quizás se quede en el librero?

Los 70 años no son un cumpleaños cualquiera.

Es un hito que merece algo diferente.

Algo que diga: "Te veo. Sé quién eres. Y valoro tu vida."

Algo que no se pueda comprar en un centro comercial.


La idea: un busto de mi padre

La inspiración llegó de una manera inesperada.

Mi padre siempre había admirado las esculturas de sus héroes.

Bustos de pensadores.

Estatuas de escritores.

Retratos escultóricos de figuras históricas.

Tiene libros llenos de fotografías de monumentos griegos, bustos romanos, esculturas renacentistas.

Habla de ellos con esa chispa en los ojos. Le fascinan los museos y la historia.

Con esa fascinación que solo aparece cuando alguien toca un tema que le apasiona de verdad.

Y entonces me pregunté:

¿Y si él tuviera su propio busto?

¿Y si pudiera verse retratado como esos héroes que tanto admira?

La idea me pareció perfecta.

Pero…no tenía idea de cómo hacerla realidad.


El contacto con ARJ: el primer paso

Por suerte, estaba ARJ.

Un artista con formación criminológica que explora la fascinación de mirar y ser mirado.

Su trabajo tenía algo que me conectó de inmediato:

Profundidad psicológica.

Rigor técnico.

Y una capacidad inquietante de capturar la esencia de las personas en sus esculturas.

Le escribí por WhatsApp. Le expliqué mi idea.

Le conté sobre mi padre, sobre sus 70 años, sobre su amor por las esculturas clásicas.

Su respuesta fue inmediata y cálida.

No me trató como un cliente más.

Me trató como un colaborador en un proyecto significativo.



El proceso creativo: más que una simple comisión


Primera conversación: rebotamos ideas

Me ofreció reunimos cerca de su taller en Coyoacán, yo no tenía tiempo así que hicimos un zoom.

Platicamos.

No solo sobre la escultura, sino sobre mi padre.

¿Cómo era su personalidad?

¿Qué lo distinguía?

¿Qué expresión lo definía?

¿Qué objetos personales lo representaban?

Le conté que mi padre usaba unos lentes característicos.

Lentes cuadrados, con armazón grueso, que llevaba puestos desde hace décadas.

ARJ tomó nota de todo.

Luego vinieron las conversaciones prácticas:

Presupuesto (me sorprendió lo accesible que fue).

Materiales (debatimos entre yeso o bronce).

Tamaño (decidimos un busto tamaño real).

Todo quedó claro desde el principio.

Transparente.

Sin sorpresas financieras.


La conspiración familiar: fotos y videos

Aquí empezó la parte divertida y difícil.

Porque la escultura sería una sorpresa. Mi padre no podía saber nada.

Mi madre se convirtió en mi cómplice. Orquestamos sesiones fotográficas "casuales".

"Déjame tomarte una foto, amor."

"Voltea un poco más hacia la luz."

"Ahora de perfil."

Mi padre sospechaba, por supuesto.

"¿Para qué tantas fotos?"

"Es para el álbum familiar, papá."

También grabamos videos cortos.

Necesitábamos capturar cómo se movía, cómo gesticulaba, cómo sonreía.

Una escultura no es solo anatomía.

Es personalidad congelada en el tiempo.


El intercambio de referencias

ARJ me pidió que le enviara referencias visuales.

Busqué esculturas clásicas que mi padre admiraba.

Bustos romanos.

Retratos renacentistas.

Fotografías de monumentos griegos.

Él también me envió referencias.

Esculturas que había hecho antes.

Diferentes acabados, diferentes estilos.

Fue un diálogo visual fascinante.

Cada imagen que compartíamos acercaba la visión a lo que yo imaginaba.


La creación: del boceto al la escultura personalizada

Los bocetos iniciales

Una semana después, ARJ me envió los primeros bocetos.

Dibujos a lápiz desde diferentes ángulos. El parecido ya estaba ahí, incipiente pero reconocible.

La estructura de la cara.

La forma de la nariz.

La línea de la mandíbula.

Platicamos sobre ajustes.

"¿Puedes hacer la frente un poco más amplia?"

"¿Los pómulos podrían ser más pronunciados?"

Él tomaba nota de todo. Hacía nuevos bocetos.

El proceso era colaborativo.


El molde de plastilina: la magia toma forma

Luego comenzó el verdadero trabajo escultórico.

ARJ empezó a construir el molde en plastilina.

Me envío fotos a los pocos días.

Primero era solo una forma abstracta.

Luego empezaron a aparecer los rasgos.

Los ojos. La boca.Las orejas.

Con cada foto, mi emoción crecía.

Y también mi nerviosismo.

¿Se va a parecer de verdad?

¿Va a capturar su esencia?


La visita al taller: ajustes finales

Cuando el molde de plastilina estuvo casi completo, ARJ me invitó a su taller.

Entré.

Y ahí estaba.

Mi padre.

Mirándome desde una mesa de trabajo.

En plastilina verde, cubierto de pequeñas marcas de dedos y herramientas, pero innegablemente él.

Me quedé sin palabras.

ARJ sonrió.

"¿Qué opinas?"

Le di una vuelta completa al busto.

Lo miré desde todos los ángulos.

Era asombroso.

Pero había dos detalles que no me convencían del todo.

"La mirada," le dije. "Creo que sus ojos tienen una expresión un poco más... cálida. Como si estuviera a punto de sonreír."

"¿Puedes mostrármelo?"

Saqué mi teléfono, busqué una foto específica de mi padre.

ARJ la estudió. Asintió.

"Entiendo. Voy a suavizar un poco el párpado superior."

Luego señalé la barba.

"Aquí también. Su barba es un poco menos definida en los bordes. Más... natural."

ARJ tomó una herramienta pequeña y comenzó a hacer ajustes mientras yo seguía ahí.

Fue fascinante ver cómo, con movimientos mínimos, la expresión cambiaba.

Se volvía más mi padre.

"Perfecto," le dije finalmente. "Así me gusta."


Del molde al yeso: tu escultura personalizada

ARJ vació el molde en yeso.

Me explicó el proceso técnico:

Primero se crea un molde negativo del positivo de plastilina.

Luego se vierte yeso líquido en ese molde negativo.

Cuando el yeso fragua, se abre el molde negativo y queda la escultura final.

Después viene el esmalte.

El proceso de darle color y textura.

ARJ eligió un esmalte transparente mate.

Le daba un aire de dignidad.

De permanencia pero con un toque contemporáneo y con un cierto guiño de humor.

Muy mi papá.

De algo que ha estado ahí durante décadas y va a seguir ahí durante décadas más.

Finalmente, lleva un acabado final que

incluye el sellado y protección de la pieza.


La entrega

"Ya está listo."

Fui a recogerlo.

Estaba envuelto cuidadosamente en papel burbuja y cartón.

Lo llevé a casa con el cuidado de quien transporta una reliquia invaluable.

Lo desenvolví en mi casa.

Y ahí estaba.

Mi padre. En yeso.

Con sus lentes característicos.

Con esa expresión cálida que finalmente habíamos capturado.

Nera solo una escultura.

Era amor traducido a materia.



La revelación: el mejor momento de su cumpleaños

La fiesta fue en un jardín.

Había familia, amigos cercanos, colegas de toda su vida.

Música en vivo. Comida deliciosa. Risas y abrazos.

Mi padre estaba feliz, rodeado de las personas que más quería.

Después de saludar a todos, después de comer, llegó el momento de bailar.

Y ahí, justo antes de que la música comenzara de nuevo, le pedí al cantante que me pasara el micrófono.

El jardín se quedó en silencio.


Las palabras que necesitaba decir

"Quiero decir unas palabras sobre mi padre," comencé.

Mi voz temblaba un poco.

Hablé de su vida.

De las lecciones que me dio.

De los momentos difíciles que superó con dignidad.

De cómo siempre puso a su familia primero.

De su amor por la historia, por el arte, por las esculturas clásicas.

"Papá, 70 años no es poca cosa," dije. "Y quisimos honrarte de una manera especial."

Señalé una mesa cercana.

Sobre ella había algo cubierto con una tela dorada.

"Hay un regalo ahí que esperamos te guste."


El momento del develamiento

Caminé hacia la mesa.

Mi madre estaba a mi lado.

Tomé la tela.

Miré a mi padre.

Él me miraba con curiosidad, una sonrisa confundida en el rostro.

Jalé la tela.

Y ahí estaba.

Su busto.

Como los de sus héroes históricos.

Como los bustos de pensadores y escritores que tanto admiraba.

Pero esta vez, era él.


La reacción que nunca olvidaré

Mi padre se quedó inmóvil.

Abrió la boca.

La cerró.

Dio un paso hacia la escultura.

"¿Ese soy... yo?"

Su voz apenas era un susurro.

Se acercó más.

Extendió la mano, tocó el yeso con reverencia.

Miró los lentes esculpidos.

Pasó los dedos por la barba blanca.

Estudió la expresión congelada en el rostro de yeso.

Y entonces se le escapó una lágrima.

No de tristeza.

De emoción pura. De sentirse visto. De sentirse querido.

De sentirse, inmortalizado como esos héroes que tanto admiraba.

Mi madre lo abrazó.

Yo también.

Varios invitados lloraron y rieron con nosotros.

Fue un momento suspendido en el tiempo.

Un momento perfecto.

Un momento en el que todos sentimos el peso del amor traducido en arte.

Las reacciones de los invitados

El resto de la noche, los invitados no dejaron de acercarse al busto.

Lo fotografiaban.

Lo admiraban desde diferentes ángulos.

"Es idéntico a ti, compadre."

"Qué regalo tan especial."

"¿Quién lo hizo?"

Mi padre contaba la historia una y otra vez.

Cada vez con la misma emoción.

Cada vez con el mismo brillo en los ojos.

La escultura se convirtió en el centro de la celebración.

No porque fuera cara o llamativa.

Sino porque era significativa.

Porque demostraba que alguien lo había visto de verdad.

Homenaje con arte: cuando el tiempo se detiene

La vida pasa rápido.

Los días se convierten en semanas.

Las semanas en meses.

Los meses en años.

Y de pronto, alguien que amas cumple 70 años.

Por eso de vez en cuando es bueno detenerse.

Mirar.

Contemplar.

Estas esculturas son un pequeño homenaje.

Un intento de inmortalizar un momento.

De darle un lugar especial a una persona.

De retratarla de la mejor manera posible.

No lo que captura la cámara del celular en un instante casual.

Sino lo que creamos juntos: el artista, quien regala, y la esencia de quien recibe.

Preguntas frecuentes sobre esculturas personalizadas

Después de contar esta historia a amigos y familiares, recibí muchas preguntas.

Aquí respondo las más comunes:

¿Cuánto cuesta una escultura personalizada?

Los precios de ARJ varían según el tamaño y la complejidad.

ARJ tiene esculturas desde 2,000 mxn y miniaturas desde 1,000 mxn.

Lo importante es que el precio se discute y acuerda desde el inicio.

Sin ambigüedades.

¿Cuánto tiempo toma crear una escultura?

Desde el primer contacto hasta la entrega, el proceso tomó aproximadamente cuatro semanas.

Si tienes una fecha límite, comunícala desde el inicio.

ARJ es flexible y puede ajustar su calendario si es necesario.

¿Necesito ir al taller físicamente?

No necesariamente.

Todo el proceso puede hacerse de manera remota a través de WhatsApp.

Los bocetos, las fotos de progreso, las discusiones sobre ajustes, todo puede hacerse digitalmente.

Sin embargo, yo recomiendo hacer al menos una visita presencial cuando el modelo de plastilina esté avanzado.

Ver la escultura en persona te permite detectar detalles que quizás no notes en fotos.

¿Qué pasa si no me gusta cómo va quedando?

ARJ es muy abierto a la retroalimentación.

En mi caso, sugerí cambios en la mirada y en la barba, y él los hizo sin problemas.

La clave es comunicarte clara y honestamente durante todo el proceso.

¿La escultura se parece realmente a la persona?

En mi experiencia, sí.

El parecido fue asombroso.

Todos los invitados a la fiesta lo reconocieron inmediatamente.

Mi padre se vio reflejado en ella.

Pero más allá del parecido físico, ARJ capturó algo más profundo: la esencia de mi padre.

Su expresión característica.

Su dignidad tranquila.

Eso es lo que hace que estas esculturas sean especiales.

¿Se puede hacer una escultura sin que la persona lo sepa?

Sí, como en mi caso.

La escultura de mi padre fue una sorpresa completa.

Solo necesitas ser creativo para obtener las fotos necesarias sin levantar sospechas.

Y necesitas un cómplice (mi madre fue esencial en mi caso).

¿Se pueden hacer copias de la escultura?

Sí.

Una vez que existe el molde, ARJ puede crear copias adicionales.

Esto es perfecto si quieres una escultura para ti y otra para regalar.

O si varios hermanos quieren tener una copia del busto de su padre.

Las copias adicionales tienen un costo menor que la pieza original, ya que el trabajo de diseño y moldeado ya está hecho.

¿Cómo se cuida una escultura de yeso?

ARJ me dio instrucciones claras:

  • Mantenerla alejada de humedad excesiva

  • Limpiarla con un paño seco y suave

  • Evitar exponerla a luz solar directa prolongada

  • No usar productos químicos para limpiarla

Con estos cuidados básicos, la escultura durará décadas.

El regalo para papá que sigue dando

Han pasado varios meses desde el cumpleaños de mi padre.

La escultura ahora vive en su estudio.

Está sobre una repisa especial, con iluminación dedicada.

Y cada vez que lo visito, veo que la mira.

Le habla sobre ella a las visitas.

Cuenta la historia del proceso, de la sorpresa, de ese momento en el jardín cuando lloró de emoción.

Es un recordatorio constante de que es amado.

De que su vida tiene valor.

De que merece ser conmemorado.

Ese es el verdadero poder de un regalo para papá que va más allá de lo material: sigue dando alegría y significado mucho después del momento de entrega.

Tu turno: crea un momento inolvidable

Si llegaste hasta aquí, probablemente hay alguien en tu vida que merece ser honrado de esta manera.

Tal vez es tu padre llegando a una edad significativa.

Tal vez es tu madre, tu abuelo, tu mentor.

Tal vez es alguien cuya vida ha tocado la tuya de manera profunda.

No esperes el momento "perfecto".

No esperes a tener "más tiempo".

No esperes a estar "más preparado".

Empieza ahora.

Cuéntale sobre esa persona especial.

Rebota ideas.

Da el primer paso para crear algo verdaderamente significativo.

Porque al final, lo que más recordamos no son las cosas que compramos.

Son los momentos que creamos.

Las emociones que compartimos.

Y el amor que logramos expresar de maneras inesperadas y profundas.

ARJ puede ayudarte a crear ese momento.

Ese regalo para papá—o para quien sea esa persona especial— cambiará la manera en que ambos ven el acto de regalar.


C.

 
 
 

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